¡Te pago con sal!

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La palabra salario deviene de la antigua Roma, donde el condimento fue empleado para pagar a soldados por proteger justamente la vía por donde circulaba la sal

Carmen Isabel Maracara

Cuando no existía la refrigeración, uno de los métodos más eficaces para conservar los alimentos, sobre todo las carnes, era la sal. Ésta también se empleaba para desinfectar heridas, y por tanto la vida misma podría depender de ella. De esta forma, varios terrones de sal, colocados en una pequeña bolsa, podían convertirse en un bien muy preciado, una moneda de pago por trabajo, es decir un “salario”, palabra que viene de este uso monetario.

Aunque ya en el Antiguo Egipto se pagó con sal, fue en Roma donde la acepción tomó fuerza, pues así lo recibían los soldados que cuidaban la Vía Salaria –la que partía de las grandes salinas de Ostia, pasando por los Apeninos, hasta llegar a Roma, en un recorrido que alcanzaba los 242 kilómetros-, formándose así la palabra Salarium Argentum, de la que devino la castellana, salario.

Este preciado bien requería de la protección de las milicias y en pago de sus buenos servicios, recibían algo del producto que usaban personalmente o incluso lo llegaban a intercambiar por otros bienes. En años anteriores, también los fenicios utilizaron la sal como objeto de intercambio para conquistar el Mediterráneo, la que obtuvieron de la evaporación del agua del mar.

El alto valor de este oro blanco también se expresó en una cuestión simbólica, pues en Roma se empleó como rito para estrechar las relaciones sociales al comer sal en comunidad, y en la protección contra los malos espíritus, para lo cual se arrojaba sal por encima del hombro derecho.

Todavía quedan restos de la Vía Salaria, con gran interés para los arqueólogos, pues algunos historiadores han considerado la posibilidad de que estuviese ligada incluso con la fundación de Roma.

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