La sal fortificada en yodo reduce el bocio

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En el año 1993, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ejecutó un plan universal para fortificar la sal con yodo con la firme intención de reducir la incidencia del bocio, una enfermedad que provoca el aumento de las glándulas tiroideas producto de los bajos niveles de yodo en el cuerpo. ¿Alguna vez ha leído en el empaque de Sal Delmar que el producto es “sal comestible fina con yodo y flúor”? ¡Ya sabe por qué!

Un nutriente necesario para regular posibles trastornos metabólicos es el yodo, que puede ser suministrado fácilmente a través de la sal. Si llegase a existir un déficit de este mineral en el cuerpo, las consecuencias podrían ser muchas, pero la más peligrosa de todas es la aparición de bocio que se manifiesta porque la glándula tiroidea –encargada de regular las funciones metabólicas- deja de funcionar de manera adecuada.

El bocio se identifica físicamente como una bola grande en la garganta, justo debajo de la laringe, resultado del aumento del tamaño de la tiroides. Cuando la alimentación diaria carece de yodo, las funciones de nuestro organismo comienzan a fallar. La ingesta diaria de yodo varía de acuerdo a la edad de la persona:

-Los niños deben consumir entre 70 y 120 mg.

-Los adolescentes y adultos deben consumir 150 mg.

-Las mujeres embarazadas deben consumir 175 mg.

No obstante, de acuerdo con la política implementada por la OMS, la sal contiene los gramos necesarios para mantener regulado nuestro sistema y evitar la posible aparición de bocio, así como también otros síntomas determinados por el mal funcionamiento de las glándulas tiroideas como fatiga, metabolismo lento o aumento de peso.

Diariamente, 80 toneladas de Sal Delmar fortificada con yodo y flúor llegan a los almacenes, automercados y abastos en Venezuela para que miles de familias adquieran un producto 100% de calidad, comprometido en prevenir la deficiencia de yodo y así reducir la incidencia del un gran enemigo para la salud: el bocio.

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