“El Rey sin sal”, un cuento para los pequeños amantes de la cocina

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Una buena forma de hacer que los niños participen en las actividades del hogar, es contándoles historias divertidas con las que se sientan identificados. Por eso, hoy compartimos con usted un cuento infantil titulado “El Rey sin sal”; aproveche esta oportunidad para explicarles a los pequeños amantes de la cocina lo delicioso y saludable que es consumir Delmar en cantidades moderadas.

Había una vez un rey llamado Goloso a quien le encantaba que sus hijos, los príncipes Erick y Evelyn, le dijeran cuánto lo querían.
—¿Cuánto me quieres, hijo? —le preguntó a Erick.
—Te quiero más que a las montañas, más que a los árboles y más que al reino entero —respondió él.
—Y tú, hija, ¿cuánto me quieres? —dijo el rey, aún asombrado por la respuesta del príncipe.
Evelyn tardó en contestar, deseaba dar una respuesta mejor que la de su hermano.
—Padre, ¡te quiero más que a la sal! —dijo la princesa con una sonrisa en la cara.
El rey Goloso no pudo disimular su molestia.
—¿Más que a la sal? —gritó—. Si hubieses dicho más que a los dulces, todavía. Sabes que me encanta el azúcar. Tú en verdad no me quieres. ¡Estás castigada, trabajarás en la cocina a partir de ahora!
La princesa Evelyn aceptó el castigo, pero antes le dijo a su padre:
—Te demostraré que quererte más que a la sal es quererte muchísimo más de lo que piensas.
Durante sus días de castigo, la princesa decidió cocinar para su padre solo platos dulces: chocolates, caramelos, gomitas, pasteles y bombones de todos los sabores. Al principio el rey Goloso estaba encantado, pero todavía se resistía a perdonar a Evelyn.
—No creas que preparar mis postres favoritos hará que olvide lo ocurrido —dijo gruñendo.
La princesa no respondió y regresó a la cocina. A los pocos días, el rey Goloso empezó a sentirse mal, le dolían la cabeza y la barriga, estaba tan empalagado de comer dulces que comenzaba a extrañar la comida salada.
Al notar la enfermedad de su padre, la princesa Evelyn le preparó un rico guisado, lo sazonó con una pizca de sal marina y se lo llevó a la mesa. El rey lo probó y su rostro cambió al instante.
—¡Esto está delicioso! —exclamó mientras saboreaba la salsa del guiso—. Tenías razón, hija. La sal es fundamental, ya me siento mucho mejor.
Así fue como el rey Goloso perdonó a la princesa Evelyn y comprendió que si ella lo quería más que a la sal, entonces era suficiente. Colorín colorado…En el reino todos vivieron felices comiendo platos dulces y salados.

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